bolas de billar

¿De qué material está hecha la bola de billar?

Todo un mundo a descubrir para los curiosos del billar. Las bolas de billar soportan golpes, bailan por el tapete, rebotan en las bandas y terminan en las troneras. Para aguantar todos estos movimientos, intuimos que la bola de billar esté fabricada con materiales resistentes.

Sus esferas tan perfectas y duraderas que nunca se cansan de bailar por el tablero son las protagonistas del artículo de hoy, y es que todo apasionado del billar, debe saber de lo que están hechas estas bolas.

Si nos remontamos a tiempos pasados, las primeras bolas de billar fueron elaboradas con el material marfil. Digamos que con un colmillo de elefante tan solo se podían fabricar tres o cuatro bolas de billar, por lo que acababa siendo un proceso muy largo y costoso. Aquí te dejamos un enlace para que conozcas más sobre el marfil en el mundo del billar y de los plásticos. 

El elevado precio de este material, junto con la poca homogeneidad de las bolsas, obligó a que se buscase otro material que fuera más económico y nos permitiera fabricar mayor cantidad de bola.

En 1860, el inventor John Hyatt, encontró un material sustituto del marfil: la nitrocelulosa. Este material mezclado con alcohol permitía conseguir un plástico con el que fabricar bolas mucho más baratas. Sin embargo, este material tenía un gran inconveniente y es que era tan potente como la pólvora y con un fuerte golpe podía hacerla explotar.

Más tarde, Leo Baekeland inventó la baquelita, una resina fenólica con la que se fabrican la gran mayoría de bolas de billar en la actualidad. Lo bueno de este tipo de material, es que resistente al calor, más barato y permite obtener bolas perfectamente en forma de esfera, muy resistentes a los impactos y menos sucias.

Es cierto que hay quien trata mejor a las bolas y quien las trata peor. Algunos las limpian siempre después de jugar y otros no lo hacen nunca. Es importante limpiarlas al igual que el paño de la mesa del billar.

Lo bueno que tienen, es que ellas, descoloridas o no, siempre obedecen a las órdenes que les transmiten nuestros golpeos. Siempre ruedan, siempre rebotan y siempre acaban en las troneras, aunque rápidamente vuelven a salir de ellas para volver a su refugio: la caja o el triángulo.